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¿Ampliar la edad obligatoria de escolaridad es
la solución?
El Ministerio de Educación se está planteando la
posibilidad de ampliar la edad obligatoria de
escolaridad hasta los 18 años. La pregunta que
me hago es ¿para qué?
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Quizás en sus
planteamientos está que, consiguiendo
por ley que el alumnado estudie hasta
los 18 años va a permitir que estén
mejor formados (la palabra mejor en casi
todos los casos hace referencia a una
característica cualitativa). Quizá sea
una manera de lograr saber dónde van a
pasar unas 6 horas al día todas las
personas comprendidas entre los 3 y los
18 años.
Considero que
esta medida no va a conseguir, ni mucho
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lo primero. Existen otras vías diferentes para
alcanzar el objetivo de tener unos jóvenes mejor
formados que obligándoles a permanecer
escolarizados (que no estudiar) hasta las 18
años.
Todos sabemos
que no todos los alumnos y alumnas tienen las
mismas capacidades. De ahí que, hasta ahora, al
finalizar sus estudios tuvieran las opciones de
continuar sus estudios bien cursando
bachillerato, bien realizando un Ciclo Formativo
de Grado Superior, bien incorporándose al mundo
laboral…
Según las
cifras del propio Ministerio, uno de cada tres
no finaliza los estudios obligatorios (ESO). Es
decir, aproximadamente un 30%. Según la
posibilidad que se plantea el Gobierno, estos
mismos alumnos, deberán proseguir con sus
estudios obligatorios dos años más. Bien es
cierto que una parte de los alumnos que cursan
los Programas de Cualificación Profesional
Inicial acceden a los Ciclos Formativos de Grado
Medio, pero ¿Se ampliarán los Programas de
Cualificación Profesional para los alumnos que
no puedan acceder a estos ciclos? ¿Se reformará
el sistema educativo?
En mi opinión
la solución al problema no está, ni mucho menos
en esta posible ampliación de la edad en la
escolarización obligatoria. Es inadmisible que
un 30% de los alumnos no supere la ESO ya que,
en muchos de los casos, se debe a problemas de
motivación, de actitud. Los jóvenes no son
tontos y se dan cuenta que, por ejemplo, gana
más un colaborador de un programa del corazón
que un Presidente de Gobierno, un juez, un
profesor universitario, y ni decir, que un
“currante de a pie”.
Quizá es que
nadie les ha dicho que nunca van a ser
colaboradores de estos programas, futbolistas,
etc. ¡Ya va siendo hora!
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