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El
deporte nacional, no es el fútbol
Mucha gente piensa que el deporte nacional en
España es el fútbol pero…, después de leer esto,
que escribió una persona muy cercana a mí, hace
varios años, creo que cambiareis de opinión.
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Todos hemos jugado alguna vez a juegos
de cartas (algunos más que otros), a la
brisca, al chinchón, al mus… sin duda
por su alto contenido sexual.
Empezamos a familiarizarnos con ellos
desde pequeños. Normalmente, después de
una de esas reuniones familiares que
suelen comenzar con una copiosa comida,
y algo mas de bebida, a las que asisten
nuestros padres, madres, los tíos, las
tías buenas (las de la familia, no de
las otras), el abuelo si ha conseguido
llegar, y una o dos abuelas.
Los juegos de cartas son excelentes para
dos cosas, en este tipo de
celebraciones: |
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se consigue que, principalmente, las cuñadas no
se tiren los trastos a la cabeza, pues tienen
las manos ocupadas y ....
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que los hombres, todos, cuñados, padres… no
abran mucho la boca y no se les note demasiado
los efectos del Fundador, o licores de similar
pelaje.
Yo creo que el primer juego que aprendemos es la
brisca, tres cartas que nos caben en la mano
cuando tenemos seis/siete años, donde no hay que
pensar mucho, y que es el que más alegrías nos
da. ¡Como nos gusta comernos el as de oros
cuando tenemos el dos de bastos, que es lo que
pinta!.
Luego a lo largo de nuestra vida nos damos
cuenta de que pintan bastos mas veces de las que
quisiéramos, pero bueno…
Pero lo mas importante de este nuestro primer
juego, lo queramos o no, es el movimiento que
hacemos con la mano para repartir las cartas de
su mazo, lo que cuando lleguemos a la edad
pollita, practicaremos sin necesidad de cartas.
El chinchón a los diez años es la delicia,
¡Siete cartas, y te caben todas en la mano, sin
que se te caigan! Y hay que reconocer que este
es un juego que debía ser obligatorio en todos
los colegios e institutos, pues es una fuente de
sabiduría inagotable: Aprendes a sumar anotando
los tantos tuyos y de los demás jugadores y
también te enseña como mejor emparejarte, a
hacer tríos, dobles parejas……
Cuando vas creciendo los juegos tradicionales se
postergan y a lo que mas jugamos es al
mentiroso, al hijoputa, y otros de similar
nombre, que nos van a seguir ayudando en nuestro
aprendizaje vital, pues.. ¿Quien no ha conocido
o tratado con algún amigo que, en el momento más
inoportuno, te ha levantado una novia y te lo
niega? ¡¡El pedazo de hijoputa!!
¡Ah! Por fin llegamos a la universidad,
antiguamente reducto de privilegiados, donde
después de cinco, seis, siete, doce años de
carrera, al final, conseguimos aprender a jugar
al mus. Lógicamente cuanto más cursos repitamos
y mas prolonguemos nuestra estancia en ese
espacio del saber, mejores jugadores de mus
seremos.
El mus ahora no es el mismo que jugaban nuestros
padres, no. Tiene muy pocos parecidos. Antes
solo lo jugaban hombres cincuentones en tascas
infectas, entre el humo de un buen Farias.
¡Ahora juegan las mujeres!, que desde que han
llegado a la Universidad nos han comido la
tostada, en todos los aspectos. Si, si,
jovencitas de veinte años a las que no hay quien
gane. Y, hemos de reconocerlo, es imposible
hacer nada contra ellas.
Poneros en situación:
Te has apuntado, con tu amigo de toda la vida
(ese que tiene barba desgreñada, pelos hasta en
las orejas, y algún que otro grano con pus) a
uno de tantos concursos musísticos de los que
hay por ahí y, de repente, ves que te tienes que
enfrentar a dos chavalitas que, después de darte
las buenas tardes, lo primero que hacen es
guiñarse un ojo, después se pasan la lengua por
la comisura de los labios o se tiran un besito…
Ya no sabes si tienen treinta y una, dos ases, o
se están dando mus, aunque lo primero que
piensas es que son dos lesbianas de no te
menees. Y como durante toda la partida siguen
con el mismo plan, y como cada vez que las miras
ellas ponen cara de póquer, ya no te queda duda
alguna y te reafirmas en tu primera impresión
¡son lesbianas y están buenísimas!
Y, claro, como así no hay quien se concentre, no
hay manera de ganarlas un chico.
Así que voy a comenzar una cruzada contra las
chicas jugando al mus, pues partimos en una
clara inferioridad de condiciones.
Éramos felices jugando entre nosotros, ¡nunca
llamamos a nuestro contrario maricón cuando le
guiñaba un ojo a su compañero! ¡Jamás vimos nada
libidinoso en descubrir que nuestro contrario
tenía dos ases! Y siempre, siempre, sabíamos que
principalmente en el mus, si no tienes una buena
pareja, lo mejor es tener una buena mano,
¡¡justo, justo lo que habíamos aprendido de
pequeños en la brisca cuando empezamos a
repartir cartas!!
La vida está claro que es una rueda.
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