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Merche Castanedo San Miguel

15/12/2009

 

 

El deporte nacional, no es el fútbol

Mucha gente piensa que el deporte nacional en España es el fútbol pero…, después de leer esto, que escribió una persona muy cercana a mí, hace varios años, creo que cambiareis de opinión.

Todos hemos jugado alguna vez a juegos de cartas (algunos más que otros), a la brisca, al chinchón, al mus… sin duda por su alto contenido sexual.

Empezamos a familiarizarnos con ellos desde pequeños. Normalmente, después de una de esas  reuniones familiares que suelen comenzar con una copiosa comida, y algo mas de bebida, a las que asisten nuestros padres, madres, los tíos, las tías buenas (las de la familia, no de las otras), el abuelo si ha conseguido llegar, y una o dos abuelas.

Los juegos de cartas son excelentes para dos cosas, en este tipo de celebraciones:

 

·          se consigue que, principalmente, las cuñadas no se tiren los trastos a la cabeza, pues tienen las manos ocupadas y ....

·          que los hombres, todos, cuñados, padres… no abran mucho la boca y no se les note demasiado los efectos del Fundador, o licores de similar pelaje.

Yo creo que el primer juego que aprendemos es la brisca, tres cartas que nos caben en la mano cuando tenemos seis/siete años, donde no hay que pensar mucho, y que es el que más alegrías nos da. ¡Como nos gusta comernos el as de oros cuando tenemos el dos de bastos, que es lo que pinta!.

Luego a lo largo de nuestra vida nos damos cuenta de que pintan bastos mas veces de las que quisiéramos, pero bueno…

Pero lo mas importante de este nuestro primer juego, lo queramos o no, es el movimiento que hacemos con la mano para repartir las cartas de su mazo, lo que cuando lleguemos a la edad pollita, practicaremos sin necesidad de cartas.

El chinchón a los diez años es la delicia, ¡Siete cartas, y te caben todas en la mano, sin que se te caigan! Y hay que reconocer que este es un juego que debía ser obligatorio en todos los colegios e institutos, pues es una fuente de sabiduría inagotable: Aprendes a sumar anotando los tantos tuyos y de los demás jugadores y también te enseña como mejor emparejarte, a hacer tríos, dobles parejas……

Cuando vas creciendo los juegos tradicionales se postergan y a lo que mas jugamos es al mentiroso, al hijoputa, y otros de similar nombre, que nos van a seguir ayudando en nuestro aprendizaje vital, pues.. ¿Quien no ha conocido o tratado con algún amigo que, en el momento más inoportuno, te ha levantado una novia y te lo niega? ¡¡El pedazo de hijoputa!!

¡Ah! Por fin llegamos a la universidad, antiguamente reducto de privilegiados, donde después de cinco, seis, siete, doce años de carrera, al final, conseguimos aprender a jugar al mus. Lógicamente cuanto más cursos repitamos y mas prolonguemos nuestra estancia en ese espacio del saber, mejores jugadores de mus seremos.

El mus ahora no es el mismo que jugaban nuestros padres, no. Tiene muy pocos parecidos. Antes solo lo jugaban hombres cincuentones en tascas infectas, entre el humo de un buen Farias. ¡Ahora juegan las mujeres!, que desde que han llegado a la Universidad nos han comido la tostada, en todos los aspectos. Si, si, jovencitas de veinte años a las que no hay quien gane. Y, hemos de reconocerlo, es imposible hacer nada contra ellas.

Poneros en situación:

Te has apuntado, con tu amigo de toda la vida (ese que tiene barba desgreñada, pelos hasta en las orejas, y algún que otro grano con pus) a uno de tantos concursos musísticos de los que hay por ahí y, de repente, ves que te tienes que enfrentar a dos chavalitas que, después de darte las buenas tardes, lo primero que hacen es guiñarse un ojo, después se pasan la lengua por la comisura de los labios o se tiran un besito… Ya no sabes si tienen treinta y una, dos ases, o se están dando mus, aunque lo primero que piensas es que son dos lesbianas de no te menees. Y como durante toda la partida siguen con el mismo plan, y como cada vez que las miras ellas ponen cara de póquer, ya no te queda duda alguna y te reafirmas en tu primera impresión ¡son lesbianas y están buenísimas!

Y, claro, como así no hay quien se concentre, no hay manera de ganarlas un chico.

Así que voy a comenzar una cruzada contra las chicas jugando al mus, pues partimos en una clara inferioridad de condiciones.

Éramos felices jugando entre nosotros, ¡nunca llamamos a nuestro contrario maricón cuando le guiñaba un ojo a su compañero! ¡Jamás vimos nada libidinoso en descubrir que nuestro contrario tenía dos ases! Y siempre, siempre, sabíamos que principalmente en el mus, si no tienes una buena pareja, lo mejor es tener una buena mano, ¡¡justo, justo lo que habíamos aprendido de pequeños en la brisca cuando empezamos a repartir cartas!!

La vida está claro que es una rueda.

 

 

 

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