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Sobre horarios y comidas
Los españoles tenemos un horario laboral y de
comidas muy diferente al de nuestros vecinos
europeos. ¿Es racional esta forma de proceder?
¿Nos ayuda o nos perjudica?
En muchas
ocasiones, cuando los españoles se encuentran en
una clase de idiomas tales como inglés o francés
y se explica algo tan básico de su cultura como
los horarios de las comidas a lo largo del día,
los alumnos se extrañan de las diferencias de
las costumbres extranjeras y de lo pronto que
comienza y acaba su jornada. En la mayoría de
los países europeos, incluyendo muchos del sur y
mediterráneos, se desayuna primero y se comienza
antes a trabajar. Esto hace que el almuerzo se
realice en torno a las 12 del mediodía, que la
jornada laboral termine sobre las 6 de la tarde
(sobre todo, en las oficinas) y que la hora de
la cena se sitúe sobre las 8 de la tarde.
Algunos de
esos alumnos expresan su desacuerdo con esas
costumbres, sobre todo la del temprano almuerzo.
Pero luego, la mayoría reconoce que suele tener
hambre a mediodía y necesita tomar un aperitivo.
Por otra parte, muchos de nuestros compatriotas
que salen a trabajar o a estudiar en otro país
europeo, manifiestan después que no cuesta tanto
acostumbrarse a esos horarios de comidas y que,
además, es más apropiado con los hábitos de
salud y con las horas en las que el cuerpo
necesita ingerir sus nutrientes.
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Entonces,
¿por qué se diferencian tanto nuestros
horarios de los de nuestros vecinos?
Creo recordar haber leído hace tiempo
que, antes de la Guerra Civil o muy a
comienzos del siglo XX, en España
también se comía y se entraba primero al
trabajo y que, con el empobrecimiento
del país, la gente comenzó a trabajar en
dos empleos diferentes.. uno por la
mañana y otro por la tarde. Ese hecho
obligaba a retrasar tanto la hora de
alimentarse como la de volver a casa,
contribuyendo así a una jornada larga,
intensa y agotadora que apenas dejaba
tiempo para realizar ninguna otra
actividad. Puede que esa fuese la forma
en la que empezaron nuestros actuales
hábitos. lo que es seguro es que estas
costumbres impiden hoy en día a muchas
personas de nuestro país compaginar su
vida personal y su vida laboral de forma
satisfactoria. |
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Los medios de
comunicación nacionales han mencionado en varias
ocasiones que aquí la gente trabaja más horas
que en otros lugares de Europa, que le da
vergüenza dejar la oficina antes de que lo haga
el jefe (aunque haya acabado su horario hace
bastante rato), y que se aferra a las horas
extras. Sin embargo, eso no nos hace más
productivos, al contrario, pues esa forma de
trabajar agota no sólo física sino también
intelectualmente y, además, lleva a perder
tiempo en otros momentos del día. Nuestros
vecinos europeos trabajan menos horas, pero
rinden más.
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Por otra
parte, esta forma de proceder en otros
países permite a sus ciudadanos no sólo
tener más tiempo de ocio para disfrutar
en soledad o con amigos, sino que padres
e hijos tengan un horario más parecido,
por lo que se facilita en gran medida la
vida familiar. Estos elementos, la
familia, los amigos y el ocio, son
indispensables en el bienestar del ser
humano y si una persona se encuentra
bien y contenta, podrá dedicar sus
energías y su concentración en el
trabajo con mayor productividad y
efectividad, ayudándole a seguir
motivado para dar lo mejor de sí mismo
en su horario laboral. |
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El almuerzo de los remeros (1881) de
Pierre-Auguste Renoir.
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Nuestro país
tiene maravillosas costumbres propias que no
deberían perderse y que realmente se echan de
menos cuando se viaja a otro lugar; pero
aquellas que dificultan nuestro día a día
deberían replantearse para ser mejoradas y
ayudarnos en todos los aspectos de nuestra vida
cotidiana.
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