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Difusión

Fco. Javier Muñiz Bárcena

17/11/2009

 

 

La Educación en Cantabria, en Tele Bahía

El pasado jueves día 29 de octubre, la televisión local Tele Bahía, dedicó el programa “El Foro” a debatir sobre la Educación en Cantabria. Tuve el honor de participar, invitado por el Director de la cadena Juanjo Cagigas, en re-presentación de la Asociación de Centros de Enseñanza Privada de Cantabria –CECE Cantabria- que presido.

Junto a otros ilustres invitados: Juan Carlos Corniero, en representación del sindicato CSIF; José Antonio Cagigas, diputado regional del PP y responsable de educación del partido y Alonso Gutiérrez, Jefe de la Unidad de Evaluación y Acreditación de la Consejería de Educación me fue posible presentar algunas reflexiones sobre la situación actual y the sugerir una serie de propuestas de mejora para el futuro.

 

En primer turno de intervenciones, el presentador puso sobre la mesa una pregunta sobre las iniciativas políticas y sociales relacionadas con el reconocimiento del profesorado como autoridad pública. Todos los contertulios manifestamos nuestra preocupación ante las permanentes evidencias de deterioro social de la figura del profesor. Un denominador común, sin embargo, manifestado por todos los participantes hizo referencia a la necesidad de una reflexión colectiva, sincera y sin condicionamientos previos para aportar propuestas de mejora asumibles por todos los agentes implicados en la educación. Sin embargo, las posiciones de unos y otros se centraron en aspectos muy concretos que enriquecieron, con sus puntos de vista, el análisis del estado de la situación. Eso sí, demandé que tal condición fuera aplicada a todo el profesorado, sin distinción por razones de titularidad del centro de trabajo.

 

Alonso Gutiérrez apuntó, a mayor abundamiento, que la Consejería de Educación de Cantabria presta un apoyo incondicional al profesorado ante situaciones graves de convivencia en los centros. En lo que a mi respecta, coincidí con Alonso Gutiérrez en que desde la administración se presta un gran apoyo al profesorado ante situaciones de agravio y/o agresiones de más o menos intensidad.

 

Sin embargo, ello no es óbice para afirmar que el profesorado de hoy debe afrontar situaciones de convivencia y relaciones con alumnos y padres, en ocasiones muy difíciles, fruto de las actitudes y comportamientos que se producen en el seno de la familia y de la sociedad. Vivimos en un mundo en el que se han dilapidado algunos valores que hasta hace muy poco tiempo se consideraban esenciales. Me refiero al papel del padre y de la madre, en el ámbito familiar; el respeto a las personas, en general y a las más mayores, en particular; el reconocimiento de la autoridad de los profesores en el centro escolar.

 

El profesorado ha visto mermado, igualmente, el apoyo de las familias a su labor. En no pocas ocasiones los padres o tutores no asisten a las llamadas de los profesores de sus hijos para conocer situaciones académicas o de otro tipo que les afectan. En algunos casos, cuando asisten, lejos de colaborar con los consejos y orientaciones de los profesores y aceptar hechos – sucesos, para reconducir situaciones contrarias a las normas de convivencia, manifiestan una actitud contraria a los mismos y, en no pocas ocasiones, permisivas con sus hijos, cuando no apoyándoles ante evidencias de comportamientos inaceptables, desautorizando las medidas del profesorado.

 

Yo tengo siempre presente, en mi mente y en mi corazón, a mi maestra, a la maestra de mi pueblo con la que cursé todos los estudios de la entonces denominada enseñanza primaria, en una edad comprendida entre los 5 -10 años: Dª María Torner. Si, digo bien, Dª María, así la llamábamos sus discípulos y también nuestros padres. Aquella mujer se preocupaba de sus alumnos, -como hacemos hoy la inmensa mayoría de los profesionales docentes con los nuestros-. Sus palabras, sin embargo, eran “ley” para nosotros. La obedecíamos y la respetábamos, tanto nosotros como nuestros padres. Gozaba de gran prestigio. Su autoridad en clase era incuestionable y sus recomendaciones a los padres de alumnos eran siempre bien recibidas y apoyadas sin fisuras.

 

El cambio y evolución del sistema educativo ha colocado en una posición igualitaria a todos los componentes de la comunidad educativa. Ello está causando, en algunos momentos, serios contratiempos a los profesionales docentes, especialmente causados por el comportamiento de algunos alumnos que tratan al profesorado de la misma manera que a sus propios compañeros, con poca educación, sin respecto y, en ocasiones, cuestionando su autoridad en la gestión del grupo - clase. En suma, no existe hoy un reconocimiento generalizado de la autoridad del profesional docente en el ejercicio de sus funciones.

 

Un segundo bloque de intervenciones tuvo que ver con la calidad del sistema educativo en Cantabria. Es evidente que la calidad de la educación en Cantabria ha mejorado a través del tiempo. Todos los participantes en “El Foro” lo reconocimos. Sin embargo, los puntos de vista sobre este tema varían mucho en función de quien los vierte: sea la administración, los partidos políticos de la oposición, los sindicatos o las patronales.

 

Este apartado monopolizado por Alonso Gutiérrez y José Antonio Cagigas, en primea instancia, repasó el estatus de Cantabria en el mundo y en España, según las variadas evaluaciones internas y externas efectuadas sobre el sistema. Ante los puntos fuertes y áreas de mejoras debatidos por los representantes de la administración y de la principal fuerza política de la oposición, el moderador me propuso una pregunta que, en realidad, fueron varias: ¿Qué se puede hacer? Y se refirió al pacto educativo, a la recuperación de valores por parte del alumnado, ….

 

En una primera reflexión, al hilo de las intervenciones de Alonso Gutiérrez y José Antonio Cagigas, afirmé con rotundidad mi apoyo a una evaluación global del sistema educativo, tanto a nivel interno como externo. Es preciso integrar en la práctica docente diaria un procedimiento de evaluación interna de los procesos de enseñanza – aprendizaje que nos permita conocer el estado de la situación. Un diagnóstico objetivo interno de los recursos materiales y humanos de los que dispone el centro ayudará a definir mejor el proyecto educativo de cada uno de ellos y orientará en las necesarias actuaciones en materia de formación permanente del profesorado. Por otro lado, una evaluación externa, realizada por organismos autónomos e independientes, puede aportar un diagnóstico igualmente objetivo e imparcial que contribuya a poner en valor actuaciones tanto por la administración educativa como por cada centro.

 

A continuación, recogiendo una de las múltiples áreas aludidas por el moderador en la pregunta que me formuló, aludí al pacto de estado por la educación. En ese sentido, presenté mi tesis a favor de un diálogo sincero y constructivo desde los partidos políticos y los agentes económicos y sociales. Existe un clamor en la sociedad española y cántabra que demanda un entendimiento que estabilice el sistema educativo, al margen de las eventuales alternancias en el gobierno estatal o autonómico. Alcanzar un pacto de estado por la educación es una exigencia de una sociedad que no puede estar sometida a los vaivenes políticos en esta materia. ¡Nos jugamos el futuro de nuestros ciudadanos!

 

Desde la Constitución de 1978, los partidos políticos gobernantes han querido dejar su impronta en materia de educación, sin aceptar las opiniones y las propuestas de los otros. La ausencia de consenso alguno con la oposición y los agentes sociales fue el denominador común en este período de tiempo. La Ley Orgánica sobre el Estatuto de Centros Escolares (LOECE) de 1.980, promulgada por la Unión del Centro Democrático (UCD); la Ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Educación (LODE), de 1.985 y la Ley Orgánica General de Ordenamiento del Sistema Educativo (LOGSE), de 1.990, que salieron a la luz durante la primera etapa de gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE); la Ley de Calidad en la Educación (LOECE) de 2.002, elaborada por el Partido Popular (PP) y la Ley Orgánica de Educación (LOE), de 2.006, que entró en vigor durante el mandato en el gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), son el botón de muestra que avala mi tesis. ¿No son demasiadas leyes para un período tan corto de tiempo?

 

Aún tuve tiempo en mi turno para recoger el testigo del moderador en relación con la recuperación de algunos valores por parte del alumnado, depreciados a lo largo del tiempo. En ese sentido, enumeré un ramillete de ellos como: esfuerzo, respeto y tolerancia, sacrificio, superación, autoestima, laboriosidad, responsabilidad, lealtad, perseverancia

 

Concluí mi intervención con una llamada a la reflexión sobre los temas menores, sobre aquello que podemos hacer en cada centro escolar para mejorar la educación y formación de nuestros alumnos, al margen de nuestra capacidad de influir en leyes y normativa general que compete a la administración pública. En ese sentido aludí a la aportación de la comunidad educativa de cada centro para proporcionar una educación de calidad a sus alumnos, acorde con las exigencias cambiantes de la sociedad en que vivimos. Hasta el año 1979, la educación en España estuvo regulada por la Ley General de Educación (LGE) de 1.970 que, a su vez, fue precedida por La Ley de Instrucción Pública, de 9 de septiembre de 1857, más conocida como Ley Moyano, que fue la primera Ley General de Educación.

 

Hasta el año 1970 la educación en España estaba regida por una Ley del siglo XIX. En esa fecha ya estábamos en activo algunos profesionales docentes actuales y los cambios sociales y tecnológicos han sido tan galopantes que algunos de nosotros no les hemos interiorizado totalmente aún. El impacto de Internet y las nuevas tecnologías de la información a partir de los años 90 del pasado siglo XX han “revolucionado” la sociedad y también el sistema educativo. La escuela de hoy, la escuela del siglo XXI demanda un cambio radical en la educación y ello no es posible sin una implicación absoluta del profesorado. Las resistencias son inútiles; solo aplazarán la “agonía” de un sistema caduco. La sociedad de hoy exige profesionales docentes competentes, capaces de formar adecuadamente a los niños y jóvenes de hoy; exige unos ciudadanos con una formación humanística y científica integral que desarrolle sus competencias básicas, personales, profesionales y sociales que exigen esta época que nos toca vivir.

 

 

 

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