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Buscando un tema
El momento previo a la llegada de una idea se
convierte en puro entretenimiento cuando dejas
que jueguen las palabras.
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He de escribir algo y lo cierto es que
no sé sobre qué. Alguien podría pensar
que esto es una tontería, que hay
montones de asuntos que se pueden tratar
-es cierto-, y que es muy fácil
hacerlo.
Yo por mi parte creo que expresar lo que
sea, siempre viene precedido de una
clara voluntad para ello, que aún no
tengo.
Por eso, en estos momentos me estoy
concentrando en… “nada” y mientras
espero que la inspiración llegue a mí
–lo de las musas resultaría
excesivamente pretencioso-, sigo
observando el movimiento del bolígrafo,
que parece tuviera vida propia. |
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Aún suelo escribir con este “rudimentario
utensilio”, como antes.
-Como antes ¿de qué? -Como antes del
omnipresente ordenador, por supuesto.
Y no me parece prehistórico, anacrónico,
reprobable, abominable, execrable, censurable…
¡Toma ya!, ¡cómo baila el bolígrafo!, deleitarme
en el ejercicio manuscrito, para mí siempre
liberador y personal.
Mi letra no será tan perfecta, la impresión de
la tinta no será tan regular ni el interlineado
exacto… pero todo eso dice más de mí que una
impecable y fría transcripción tecleada. ¡Vaya,
parece que surgió el tema!
¡Viva yo y mis circunstancias imperfectas!
Por cierto, por imperativos de las “ídem” he de
volver al ordenador; ¡otra vez él, el cómodo,
práctico, rápido, invasor, y para muchos –
afortunadamente no para mí-, imprescindible
ordenador!
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