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La
cifra de muertos en Sumatra asciende ya a 3000.
Entre los fallecidos no se encuentra ningún
español…
Nos encontramos a la altura del segundo plato
cuando el presentador del telediario de turno
hace un silencio, nos mira a los ojos como si se
dirigiera directamente a todos y cada uno de
nosotros y con la profesionalidad que le
caracteriza su expresión adopta el rictus que
acompaña a una noticia de este tipo: “la cifra
de muertos en Sumatra asciende ya a 3000. Entre
los fallecidos…”. Levantamos la vista, estómago
encogido, centramos nuestra atención y Matías
Prats continúa “…entre los fallecidos no se
encuentra ningún español…”. Esta vez ha habido
suerte, pensamos, y continuamos comiendo
mientras reflexionamos…
Reflexionamos si por fin compramos la tele del
Carrefour de 40” o de 42”. Ahora que han bajado
es el momento, ¿Mari, a ti que te parece?. La
niña dice que la grande, ¡como se nota que no es
ella la que tiene que ganarlo!
Cualquier día podemos sorprendernos a nosotros
mismos en una situación parecida mientras vemos
un telediario nacional. Pero cuando el medio es
de ámbito autonómico, la cosa cambia. En una
noticia regional el número de españoles
fallecidos resulta irrelevante para el homínido
medio. Aquí lo realmente importante es el número
de cántabros que había entre los muertos de la
tragedia aérea ésta o de la inundación aquélla.
Podríamos seguir reduciendo cada vez más el área
geográfica hasta llegar a la conclusión de que
el egoísmo que envuelve la sociedad en la que
nos ha tocado vivir hace que la relevancia de
los hechos sea directamente proporcional a lo
cerca que nos ha tocado. Dicho de otra manera,
generalmente nos importa “un pito” cuantos hayan
muerto. Lo realmente preocupante ¡¡¡ es que
podía haber sido yo !!!.
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Estas letras pueden resultar duras a
quien posea un fuerte sentimiento
patrio, pero para aquellos (entre los
que me encuentro) a quienes nos preocupa
el hecho de que alguien tenga
dificultades, indiferentemente de su
procedencia, Albacete o Senegal, la
frase que enuncia el artículo nos
resulta especialmente desafortunada.
Vivimos en una sociedad de consumo que
se pasa el día mirándose el ombligo,
donde solo importa el “yo”, el “ahora” y
que nada ni nadie perturbe nuestro
actual estado de bienestar que, aún en
tiempos de crisis, está a años luz de
otras sociedades donde carecen de
bienestar y, en ocasiones, hasta de
estado. |
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Como ejemplo, podemos plantearnos si sentimos
igual la tragedia cuando se produce en una zona
de nuestro entorno económico que cuando se
produce en una zona de escasos medios. Primer
mundo contra tercer mundo. No tienen el mismo
peso específico 50 muertos en Nueva York o
Bruselas que en Hansala (Marruecos), aunque sean
mucho más cercanos geográficamente. Simplemente,
no nos sentimos identificados.
En Sumatra ha habido 3000 muertos, pero no ha
pasado nada. No había ningún español.
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