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Un
total de 130.062 pensionistas en Cantabria
Un reciente reportaje de la periodista Mª
Ángeles Samperio, en el dominical Innova
Cantabria del Diario Montañés, titulado
Los cántabros dejan de
trabajar a los 63 años,
me suscita una reflexión sobre el presente y
futuro de nuestra sociedad cántabra en el
contexto del estado de bienestar. Con una
pensión media de 803,99 € mensuales, el
colectivo de 130.062 pensionistas registrados en
nuestra Comunidad Autónoma representa una
evidencia que demanda
una reflexión y debate colectivo sobre la vida
laboral de las personas y la financiación de las
pensiones.
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Esta cifra
que aglutina la totalidad de
pensionistas, incluidas las personas
discapacitadas -987-, huérfanos -3.776-
y viudos -35.020-, me ha dejado
perplejo. Los trabajadores jubilados,
76.195, que reciben una pensión media de
917,15 € al decir de la periodista,
adquieren ese estatus con una media de
edad de 63,5 años, muy próxima a la edad
legal de jubilación en España.
El escrito de
Samperio es muy oportuno por cuanto la
polémica suscitada en círculos
políticos, empresariales y sociales de
una anunciada reforma legal por el
Gobierno central, para retrasar la edad
de jubilación a los 67 años, ha causado
un profundo malestar y una reacción
social contraria a la medida
gubernamental. Sin embargo, esta medida
ha sido bien recibida en algunos
estamentos y por cualifica- |
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das personalidades del mundo de la economía
como, por ejemplo, el profesor José Barea que
publicaba en un diario nacional un escrito en el
que, no solamente manifestaba su apoyo a esta
medida sino que recomendaba que se retrasara la
edad de jubilación a los 70 años.
En mi
opinión, parece inevitable un retraso progresivo
de la edad de jubilación, como medida adicional
para garantizar el sistema de pensiones. Si
bien, en una primera fase, y para evitar
situaciones traumáticas y una indeseable alarma
social, sería prudente aplicar esta medida de
forma voluntaria para los trabajadores.
Asimismo, establecerse un índice corrector para
profesionales de sectores que requieran
determinadas aptitudes físicas, psíquicas, etc.
como la construcción o el transporte.
Es obvio que,
dadas las circunstancias, no se producirán de
nuevo situaciones de prejubilaciones como las
recientemente vividas en el ente público RTVE en
donde prejubilaron “obligatoriamente” a los
mayores de 50 años. De hecho, los medios de
comunicación se han hecho eco de prejubilaciones
en la banca, por ejemplo, en las que hemos
conocido que el Banco Santander ha ofrecido a
sus empleados de menos de 50 años la posibilidad
de acogerse a una prejubilación.
Pero como
decía al comienzo de este escrito, estos datos
publicados en el Diario Montañés me incitan a
reflexionar sobre la realidad social en la que
nos encontramos. No olvidemos que a este
colectivo de pensionistas -130.062-, debemos
añadir el de parados –más de 40.000, registrados
en las oficinas públicas de empleo-;
funcionarios al servicio de las administraciones
públicas –autonómica, local y, en su caso,
estatal-; personal laboral de esas mismas
administraciones, incluyendo personal sanitario
y personal docente, entre otros.
Permítaseme
descender a mi área de actividad y de
influencia. Yo trabajo en
DECROLY,
un centro de formación profesional con un
importante colectivo de alumnos. ¿Qué puede
decir yo a mis alumnos? Ante el escenario
dibujado anteriormente, ¿qué puedo recomendar en
pos de una actuación de sostenibilidad del
sistema?
En primer
lugar, se me ocurren algunas afirmaciones:
1.
Defensa total, sin fisura alguna, del
estado de bienestar que incluye, entre otros
beneficios sociales, el derecho a una educación
y salud gratuitas.
2.
Blindaje del sistema de
pensiones,
actualizándolas periódicamente de acuerdo con el
índice de precios al consumo IPC.
3.
Puesta en acción de
políticas de empleo y de productividad
“agresivas” que contribuyan a
paliar, reducir, eliminar el paro e impulsar la
actividad económica. Esas actuaciones reactivan
el consumo, generan riqueza y conllevan la
obtención de recursos económicos que contribuyen
al equilibrio de la balanza de ingresos y gastos
de las administraciones públicas y la
sostenibilidad del estado de bienestar.
4.
Apertura de un debate
político y social
que conduzca a un pacto de estado en relación
con las pensiones y el estado de bienestar en
general.
Por otro
lado, me permito enunciar unas recomendaciones
contundentes, difícilmente contestables,
inaplazables para revitalizar el sistema y
evitar una quiebra social de nefastas
consecuencias:
1.
Potenciar la formación
permanente de los trabajadores, en aras de un desarrollo personal y profesional que redunde en una
mejora continua de la calidad de los productos y
servicios y de la competitividad de las empresas
e instituciones.
2.
Desarrollar una cultura
del trabajo, del esfuerzo y del empleo en contraposición con aquella otra de la subsidiaridad de las
distintas administraciones.
3.
Estimular el empleo y el
autoempleo
en general, como argumento que tienda al pleno
empleo en nuestra Comunidad Autónoma.
4.
Lanzar un plan de choque
para atajar las dramáticas cifras del paro
juvenil, con
programas imaginativos de contratación, para dar
cobertura de empleo en jornada completa o
parcial a los jóvenes entre 16 y 30 años,
teniendo en cuenta sus circunstancias de edad y
nivel de formación.
5.
Favorecer el crédito, a
las empresas y a las familias. Como me apunta mi compañero y economista, profesor de
DECROLY,
Antonio Medrano Pampín, “hoy en día se percibe
un temor generalizado en hacer circular el
dinero. Los bancos no conceden créditos, las
empresas no invierten y las familias ahorran
todo lo que pueden ante el temor de un futuro
todavía peor. Si queremos que la máquina se
ponga de nuevo en marcha hay que comenzar por
engrasarla antes de cambiar las piezas, la
batería se irá recargando por sí sola una vez
que comencemos a alcanzar velocidad”.
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Finalmente,
permítaseme señalar, como lo hiciera en
su día el ex ministro de Asuntos
Exteriores durante el primer gobierno de
José Mª Aznar
Abel Matutes,
defender la ética del beneficio.
¿Qué quiero decir con esto?
Sencillamente que, en mi opinión, debe
buscarse un consenso político y social
para un manifiesto a favor del colectivo
empresarial, a favor del emprendedurismo
que conduzca a la creación de empleo,
particularmente para los jóvenes. ¿Quién
crea empleo? ¿Quién crea riqueza?
Ayudemos y estimulemos a las empresas
pequeñas, medianas y grandes para que
creen empleo.
El empleo
genera productividad y riqueza para las
empresas; también, ocupa a los parados y
les proporciona un salario que les
permite revitalizar y fortalecer su
estado anímico y afrontar sus,
posiblemente |
depreciadas, necesidades vitales. ¡Todos
ganamos: empresas, trabajadores, incluso, los
pensionistas que no verán peligrar sus pensiones
en el futuro! La recuperación del empleo traerá
bienestar; estabilidad económica y emocional de
los ciudadanos; reactivación del consumo y, por
ende, de la economía, en general. Por ello,
todos los esfuerzos debemos encaminarlos hacia
ese objetivo.
¿Le echamos
imaginación?
1.
Utilicemos una parte del gasto público del
desempleo en ayudar a las empresas a financiar
el coste de un empleado.
2.
Apliquemos medidas como:
a.
exención de las cuotas patronales a la seguridad
social;
b.
subvención del 25% -indicativamente-, del
salario de esos nuevos trabajadores;
c.
primemos a las empresas que creen empleo con
ayudas a la contratación que mitiguen,
adicionalmente, los efectos de la actual crisis
económica;
d.
instrumentemos una nueva modalidad de
contratación para jóvenes de 16 a 20 años y de
21 a 30 años, por ejemplo, suficientemente
atractiva a los ojos del empresariado, que
incentive la contratación de este colectivo de
desempleados.
La
consecuencia inmediata sería que las empresas se
“animarían” a contratar, reduciríamos la bolsa
de desempleados y reactivaríamos el consumo. Eso
sí, la administración se ahorraría el 75% del
subsidio de desempleo de cada parado así
recolocado.
¿Por qué no
promovemos un gran pacto por el empleo, con los
empresarios, obviamente? En lo que a mi
respecta, en mi condición de empresario, ¡mañana
mismo puede la administración contar conmigo!
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