Este es el mensaje
que transmite un incombustible Mario San Miguel,
quien en la noche del jueves 26 llenó la Plaza
Porticada en un concierto incluido dentro del
programa
CANDINAMIA 2009
y organizado por el Consejo de la Juventud de
Cantabria.
Durante hora y media, Mario San Miguel y su
Ejército del Amor hicieron un repaso a sus
mejores temas, consiguiendo su objetivo de hacer
feliz al numeroso público que se acercó hasta la
Plaza Porticada. Como él mismo confesó durante
la actuación, vivió la semana con los nervios
propios de la previa al concierto, valorando
que, probablemente “seríamos cinco gatos”.
Supongo que como yo, Mario será conocedor de lo
difícil que resulta arrastrar al ciudadano
santanderino y desde luego, conseguir que
participe en la medida en que ocurrió en la
noche de ayer. Para él, seguro que fue un sueño.
En una actuación llena de frescura, transmitió
ese espíritu característico en él y animó
repetidamente al público a participar en sus
canciones, frescas y con ese mensaje que como
nadie nos sabe transmitir; “La felicidad está a
nuestro alcance. Hay que morirse, que le vamos a
hacer, pero después de haber vivido”.
Durante la actuación, hubo momentos para
reivindicar la existencia de un carril bici por
toda la ciudad, coincidiendo con la
concentración que realiza la asociación Carril
Bici – YA los últimos jueves de cada mes y a
quien Mario apoyó desde el escenario, donde un
miembro de la plataforma dirigió unas palabras
al público asistente, reclamando el carril bici
para toda la ciudad y no solo en las “zonas
nobles”.
Bajo la carpa instalada para la ocasión, la
noche resultó perfecta, la temperatura acompañó
y el público respondió. Para muchos, entre los
cuales me incluyo, la típica fórmula de
concierto acompañado de ¿una? cañita fue difícil
de resolver. Muchos asistentes buscamos el
abrevadero característico e inexistente en esta
ocasión, para finalmente, encontrar algo de
“laterío” en los bares adyacentes a la plaza. El
problema vino a la hora de depositar el
alumínico residuo en su correspondiente
contenedor, o en otro menos correspondiente…,
vamos, que ni una papelera en metros a la
redonda.
Con la carga de la semana a las espaldas y tras
la jornada de trabajo, nos olvidamos por un rato
de los malos rollos, bailamos, cantamos y fuimos
felices. Gracias Mario.
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