| |
Oportunidades para FP, desempleo para universi-tarios
La crisis
acrecienta la tendencia de los últimos años a
que el mercado laboral demande cada vez más
titulados en ciclos formativos y menos
licenciados. Los empresarios sostienen que estos
proporcionan capacidades de inmediata aplicación
al trabajo y piden que se fomenten los estudios
de grado medio para ganar competitividad. El
suplemento de ELMUNDOCAMPUS publica un trabajo
de Guacimara Castrillo, el pasado 25 de febrero,
que transcribimos íntegramente a continuación.
El título universitario pierde atractivo ante la
FP por la crisis
Las empresas reclaman más cualificación práctica
y menos academicismo para ganar competitividad y
salir del bache económico.
Joven, con uno o varios títulos universitarios,
un master recién acabado y dominio de varios
idiomas. Éste es el candidato 'ideal' para
engrosar la lista de españoles en paro. La tasa
de desempleo de los menores de 25 años ha pasado
del 15% al 25% en cuestión de meses. Entre
ellos, los más perjudicados son los que
abandonaron sus estudios y hoy carecen de título
alguno y, en el otro extremo, los que presentan
un currículo demasiado erudito.
La cosa cambia si el perfil responde al de un
joven recién titulado en un ciclo de Formación
Profesional, especialmente si es de la rama
técnica o administrativa. En su caso, la tasa de
desempleo no llega al 5%. Lo habitual es que
nada más acabar sus estudios, pueda incluso
elegir entre varias ofertas de trabajo.
Los empresarios lo justifican diciendo que la
formación de los universitarios que se
incorporan al mercado laboral no se adecua a sus
necesidades. Admiten que nuestro patrón de
crecimiento padece una progresiva pérdida de
competitividad y apelan a un impulso de la
formación profesional para mejorar la
productividad del país y salir de la actual
crisis.
Los universitarios, por su parte, denuncian que
los empleadores están aprovechando la coyuntura
para reducir costes y por ello reclaman
profesionales con una franja salarial más baja.
¿Cuestión de praxis o mero ahorro de costes? El
debate está servido, pero sea cuál sea la razón
de fondo, las cifras hablan de un progresivo
aumento en el índice de inserción laboral de los
titulados en FP. En los últimos 10 años, su
empleabilidad ha pasado del 55% al 72%.
En 2008, el índice de ocupación de los
universitarios aún era ligeramente superior al
de los formados en FP, en torno al 73%. Pero los
informes revelan que buena parte de ellos no son
contratados para puestos acordes a su nivel de
formación ni reciben una remuneración conforme a
su grado profesional.
Ni siquiera la excusa de que sus sueldos son
inferiores a los de un universitario parece ya
válida. La desigualdad salarial por niveles
educativos ha disminuido un 5%. Según una
macroencuesta elaborada en 2008 por la
Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y
Acreditación (Aneca), el salario medio
bruto mensual de los titulados españoles, cinco
años después de haberse graduado, es de unos
1.495 euros. En el mismo tiempo, un auxiliar
administrativo con título de FP cobra entre
1.265 y 2.324 euros al mes y un operario
industrial, experto en electromecánica, puede
cobrar hasta 1.958 euros brutos al mes.
La
Fundación Universidad-Empresa (FUE)
ofrece más datos para el pesimismo de unos y la
vanagloria de otros: seis meses después de
acabar los estudios, apenas un 35% de los
universitarios consigue su primer empleo. En el
caso de la FP, en esos seis meses, el 71% tiene
un puesto de trabajo acorde a su titulación.
Mientras que la FP proporciona fundamentalmente
capacidades de inmediata aplicación en el
mercado de trabajo, la formación universitaria
tiende a desarrollar unas capacidades más
generales con mayor contenido de conocimientos
teóricos». Con este argumento explican los
empresarios sus razones para decantarse a la
hora de contratar, según el informe 'Formación
Profesional, una necesidad para la empresa'.
El documento, elaborado por el
Círculo de Empresarios, asevera que «una
formación profesional de calidad, adaptada a las
necesidades del mercado y muy volcada en
aspectos tecnológicos, constituye un factor
diferencial de competitividad».
CAMPUS ha pedido a varios expertos que hagan su
propio análisis de la situación. Para el
sociólogo de la
Universidad Complutense de Madrid (UCM)
Antonio Guerrero Serón el problema «no está
tanto en la cualificación del factor trabajo ni
en la competitividad de las empresas españolas,
sino en los fuertes desequilibrios internos que
dan como resultado la debilidad ante cambios
coyunturales severos».
Serón defiende que, «obviamente, no puede ser
mayor el nivel de cualificación en la FP que en
la Universidad: ésta siempre representa la
cumbre del conocimiento de una sociedad y le
corresponde un papel de liderazgo. Lo que sucede
es que, en los niveles bajos de la formación,
ésta se adquiere rápidamente, dando origen a la
fascinación y teniendo un efecto escaparate muy
estimable».
La reflexión de Carmen Jaulín, profesora de FP y
titular de Sociología de la Educación de la UCM,
es otra: «Traducido en resultados de empleo, que
los ciclos formativos empiecen a estar mejor
valorados que la formación universitaria, no es
ninguna alegría». A su juicio, esto demuestra
que «la Universidad española está realmente mal:
tiene una falsa finalidad en la sociedad
encaminada a perpetuar las élites sobre una
burbuja de aire». Al margen de color político
-PSOE, PP-, Jaulín cree que estamos ante «una
cuestión de pacto Mercado/Estado» y recuerda que
«existe una pregunta sin respuesta que arrastra
nuestro sistema educativo desde la Educación
Primaria: ¿A qué ciudadano queremos educar para
el empleo?».
Esta cuestión remite a otro de los males
endémicos del sistema español: la alta tasa de
abandono escolar. Un 31% de los españoles no
logra obtener el título de Secundaria, la media
en la Unión Europea se queda en un 14,8%. Sólo
Portugal nos supera en este penoso ranking con
un 36,3%.
Los expertos aclaran que buena parte de las
cifras de desempleo entre los jóvenes se debe
precisamente a la falta de profesionales con una
cualificación intermedia. Entre la
sobreeducación y el fracaso, en España los
profesionales con formación de Grado Medio
apenas copan el 23% de la población ocupada,
mientras que en Europa este sector engloba un
49%.
Tal y como se desprende del informe de la
OCDE 'Panorama de la Educación 2008', en
nuestro país tan sólo el 35% de los jóvenes que
continúan sus estudios después de la Educación
Secundaria Obligatoria (ESO) se decanta por
acceder a un Grado Medio de FP, mientras que en
la mayoría de los países europeos esta vía
formativa supera incluso al Bachillerato. A la
cabeza aparece Finlandia, con un 88% de alumnado
en ciclos formativos, Italia con un 69% y los
Países Bajos con el 66%.
Esto explicaría, por un lado, la creciente
demanda de titulados en ciclos formativos y, por
otro, que la escasez de éstos lleve a que los
profesionales de Grado Superior terminen
desempeñando labores por debajo de su rango de
formación.
La socióloga Carmen Jaulín, autora de varios
libros sobre competencia profesional, recalca
que una de las «falacias culturales» es pensar
que la FP es una alternativa a la Universidad.
«La FP -con ciclos cortos, medios o largos- debe
servir al ciudadano en dos objetivos: acceder a
un puesto de trabajo y seguir integrado en el
sistema educativo por si quiere continuar
estudios universitarios. Por otro lado, la
Universidad debe garantizar la
profesionalización y la 'no profesionalización'
-formación que esté por encima de las
necesidades de mercado laborales y fortalezca el
conocimiento hacia la investigación-».
Otro de los lastres es el confuso sistema de
cualificaciones. Jaulín explica que en España
«no hay una estructura de cualificaciones y
titulaciones asociada a un catálogo de
profesiones. Las cualificaciones van por un
lado, las titulaciones por otro, al igual que
las profesiones; y para acabar de recomponer el
puzzle está el concepto de 'competencia
profesional', que se creó para estructurarlo
todo, pero que de momento está creando más
desinformación que otra cosa, porque el
ciudadano necesita saber para qué empleo se le
está formando; cuál es su categoría; y qué
derechos y deberes delimitan su tarea
profesional».
Ante este proceso de cambio en la oferta y
demanda de profesionales y con el fin de salvar
algunos de los males que arrastra nuestro
sistema educativo, ha aparecido la 'hoja de
ruta' de la Formación Profesional. Con 30 años
de retraso respecto a muchos de nuestros vecinos
europeos, el pasado mes de octubre, el Gobierno
puso sobre la mesa una serie de medidas para
lograr la FP del siglo XXI. El objetivo, en
palabras de la
ministra de Educación, Mercedes Cabrera:
«Atraer a 200.000 estudiantes más a la FP de
Grado Medio para igualarnos con los niveles de
Alemania, Francia y el Reino Unido».
Los caminos para lograrlo pasan por: facilitar a
los profesionales sin titulación que convaliden
sus conocimientos por los módulos de FP
equivalentes. Además, en esta legislatura se
pondrá en marcha un programa de ayudas para
compatibilizar estudios de FP y trabajo, se
creará una nueva red de centros para cada una de
las 26 familias profesionales, habrá planes
específicos para permitir a los estudiantes que
completen su formación en Europa y una
plataforma digital para cursar módulos de FP a
distancia.
La comunidad educativa ha aplaudido esta
reforma, aunque muchos pronostican que no será
fácil. «La acreditación de la práctica laboral
es muy compleja en todos los países, porque
requiere cambios de mentalidad trascendentales
en la sociedad organizacional, inversiones
financieras públicas y privadas; y otros modos
de gestionar la educación». Con todo, Jaulín
admite que es «el gran reto. Las fuerzas
políticas, económicas y sociales tienen que ver
las ventajas de salir de una crisis con
soluciones estructurales».
Entre los miedos, también surge el de aquellos
que recuerdan que en paralelo está la reforma de
la Universidad. «Creemos que en los últimos años
se ha dignificado la Formación Profesional, se
la he hecho competitiva y, claro, ahora toca
hacer competitiva a la Universidad, que es
aplicar el Espacio Europeo», subrayan desde la
Federación de Asociaciones de Estudiantes
Progresistas.
Carmen Jaulín considera que «una Universidad
vinculada al conocimiento y a la vida no tiene
por qué estar estancada». Y recalca: «Si lo está
es porque sus profesionales están más pendientes
de la defensa corporativa de sus intereses que
en ofrecer un servicio formativo de calidad,
reforzada por el individualismo posesivo que
preconiza la Aneca o la Dirección General de
Universidades».
A la hora de buscar soluciones, los expertos
coinciden en apelar al concepto de formación
continua: «La verdadera olvidada de nuestro
sistema de formación para el empleo», según el
profesor Serón, y «la salida estructural a la
crisis económica», en palabras de Jaulín.
Ellos aseguran que «España es uno de los países
que peor gestiona esta formación continua». Sin
embargo, la mayor parte de las pequeñas y
medianas empresas desgravan un porcentaje de las
nóminas de sus empleados para destinarlo a
cursos formativos que jamás se imparten. «El
empresario sigue considerando la formación un
coste, y no una inversión, y las
administraciones públicas no facilitan la tarea,
con un papeleo absurdo que podría evitarse»,
argumentan.
La formación para el empleo gestionada por la
Consejería de Empleo y Bienestar Social, al
igual que formación profesional gestionada por
la Consejería de Educación representa una opción
educativa y formativa de calidad con
expectativas claras de inserción laboral, tal y
como consta en los archivos de estadísticas de
empleo de nuestro alumnado, elaboradas por el
personal administrativo del grupo DECROLY.
|