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Las relaciones humanas
Solo se vive una vez
Esta es la
historia de Jorge Bello y sus circunstancias. A
Jorge sus padres, que eran muy estrictos, le
inculcaron desde pequeño el valor supremo de las
formas y las apariencias. No importan las
personas, sino las estructuras, que sobreviven a
aquellas, le decían sus padres continuamente.
Jorge creció,
se hizo adulto y sindicalista, se movía como pez
en el agua entre reuniones, informes,
presupuestos, propuestas, organización sindical…
Llevaba tan dentro las enseñanzas que le habían
inculcado sus padres, que la simple organización
de unas vacaciones se convertían en un elaborado
plan en el que no había posibilidad alguna de
salirse de aquello que no estuviese formulado y
presupuestado.
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Ese
comportamiento tan rígido forjó en él un
carácter extraño y antipático. Jorge,
que era muy competente en su trabajo,
pero muy infeliz en su vida privada,
decidió dar un giro a su vida. Permitió
que sus vacaciones se las organizara una
agencia de viajes, y que una agencia
matrimonial le preparase un encuentro
informal, eso sí, con una chica formal.
Y le surgió la necesidad de casarse y
tener hijos, tarea con la que Jorge
cumplió estrictamente. Lo tenía fácil.
Todo era cuestión de procedimientos y
rutinas.
Un buen día
Jorge, en el ocaso de su vida, paseando
por un parque muy cercano a su casa se
sentó en un banco, y oyó como una niña
le decía a su padre: “Papá te quiero”.
En ese instante los ojos de Jorge
quedaron humedecidos por un mar de
lágrimas. Jorge descubría de esta manera
su primera experiencia emocional, pero
ya era tarde, los últimos rayos del
atardecer anticipaban la noche de sus
días. |
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