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¿Debemos pasarnos la vida en el trabajo?
Como los
domingo tengo la suerte de descansar, que en
estas fechas no todo el mundo puede decir lo
mismo, he dedicado parte de mi ocioso día a una
lectura a fondo de “El Diario Montañés”, algo
que no me permiten mis habituales obligaciones
de entre semana.
Entresacando artículos de los que habitualmente
no destacarían en la sobre lectura diaria, me ha
llamado especialmente la atención un escrito de
Diego Iñiguez titulado “Derecho al domingo”, una
reflexión sobre la jornada laboral y los malos
hábitos horarios a los que, por diversas
razones, se tienen que ver sometidos los
trabajadores de este país.
El caso es que a lo largo del artículo aparece
la figura de Ignacio Buqueras y Bach,
Economista, Doctor en Ciencias de la Información
por la Universidad Complutense, Empresario y
sobre todo, y a lo que vamos en este artículo,
un valiente en los tiempos que corren, ya que
puede presumir de ser el Presidente de la
Comisión Nacional para la Racionalización de los
Horarios Españoles (ARHOE), nada más y nada
menos.
www.horariosenespana.es.
Parece ser que este hombre, figura pública
desconocida para mí hasta hoy, tiene el valor de
salir a la palestra a reivindicar desde su
posición de empresario, que los horarios
laborales españoles rozan el ridículo, resultan
contraproducentes y, desde luego, no favorecen
la productividad, algo patente cuando nos
comparamos con países del norte de Europa, donde
lo natural es irse a casa a una hora razonable.
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Existen numerosos artículos y
entrevistas en Internet acerca de la
posición de este, desde hoy, venerado
señor, en los cuales podemos encontrar
comentarios tales como “Hay personas que
se sienten orgullosas de prolongar su
horario de trabajo porque piensan que
con ello se están entregando más a la
empresa cuando de lo que deberían
sentirse orgullosas es de salir a su
hora con el trabajo terminado y bien
hecho. Otras, por el contrario, no
tienen más remedio que acabar tarde
porque es lo que hacen sus jefes y han
de estar en la oficina por si sus
superiores las necesitan. |
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Esto pasa a menudo cuando hay comidas de
trabajo, que muchas veces acaban a las cinco, de
forma que cuando el jefe vuelve a la oficina por
la tarde es la hora en que los demás deberían
acabar su jornada, pero no la terminan. Creo que
este tema merece una reflexión nacional.” Ver
artículo completo.
Generalmente pienso que las diferentes posturas
que nos podamos encontrar no tienen mayor o
menor valor según provengan de fulano o mengano,
pero este caso concreto me es especialmente útil
por coincidir con mi propia opinión. Muchas
veces, tendemos a pensar que es mejor trabajador
quien dedica más horas, o se marcha el último de
la oficina, lo cual no siempre puede atender a
una mayor cantidad y calidad en el trabajo, sino
a una falta de organización tanto del trabajador
como de la empresa o bien, a una necesidad de
reconocimiento del trabajador que utiliza esta
estrategia para conseguir destacar. Otra
valoración sería la que podemos hacer del jefe
si solamente es capaz de apreciar la valía de
sus empleados en función de quien se queda hasta
más tarde y no de quien es más efectivo en sus
labores, aunque haga horas que esté en su casa.
Otro factor muy importante en las pequeñas y
medianas empresas es adaptar los horarios a una
jornada a la medida del superior, quien,
probablemente se incorpore al trabajo a una hora
más tardía y tenga mayor interés en quedarse
hasta más tarde, para lo que necesita el
asesoramiento, apoyo y acompañamiento de parte
de sus empleados. Esto puede resultar una
postura errónea por parte del superior, quien
está impidiendo que sus trabajadores desarrollen
otras actividades familiares o de ocio y cultura
fuera de un horario laboral normal, que puedan
ser enriquecedoras para su realización como
persona y por lo tanto, resultar un empuje en la
actividad profesional del trabajador, ya que no
debemos olvidar la importancia del componente
emocional en la productividad diaria.
En otras ocasiones, quien se encuentra en cargos
de responsabilidad y por tanto con capacidad de
regular los horarios de sus trabajadores, suele
olvidar la necesidad de estos de realizar otras
labores domésticas y familiares que,
probablemente, el jefe tenga solucionadas
mediante la contratación de personal de servicio
con cargo a su abultada nómina, ventaja a la que
el trabajador de a pie no puede acceder y por
tanto descansa sobre su espalda.
Otra de las circunstancias que pueden llevar a
una sobre dilatación de la jornada es una
errónea justificación por parte de los
superiores de que la empresa está para dar
servicio en todo momento y, por tanto, quien
decida llamarnos tiene que encontrarnos. Sin
embargo, en esta región, todos sabemos que si
llamamos a “Solvay” a partir de las cinco de la
tarde no vamos a encontrar nada más que al
personal de fabricación de guardia. Nadie nos
aclarará una factura o nos devolverá un cobro,
es más, ni siquiera nos venderán producto. ¿Y
qué es lo que ocurre?, ocurre que esta
circunstancia es lo normal y lo que hacemos es
llamar al día siguiente dentro de horario
laboral habitual. A nadie le resulta extraño.
Los trabajadores españoles somos incluso capaces
de reaccionar cuando recibimos una delegación de
una empresa de otro país europeo. Sabemos que
ellos hacen una comida ligera para poder
terminar su jornada a una hora prudente y como
buenos anfitriones que somos, nos adaptamos a
sus circunstancias, hecho que se mantiene
exactamente el tiempo que dura la visita de
dicha delegación para luego volver a nuestro
irracional horario que hace que toda nuestra
existencia gire en torno a una única actividad.
Como bien comenta D. Ignacio Buqueras (a muy
poca gente suelo ponerle el Don), este tema
merece una reflexión individual por parte de
empresarios y general por parte del propio
Estado, que se verá inducido a inyectar enormes
sumas de dinero para generar servicios que
palien la falta de tiempo disponible de los
trabajadores. Basta recordar el problema que
suponen actualmente para las familias las
vacaciones escolares.
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