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Importancia de las relaciones humanas en el
trabajo
Quizás es coincidencia, quizás no; pero la
crisis también está influyendo en las relaciones
humanas en el trabajo. ¿Cómo podemos mejorar?
Puede que este artículo nos haga reflexionar
sobre nuestro comportamiento
Este articulo está destinado a quienes trabajan para vivir y en
ocasiones tienen la impresión de que la
vertiente interpersonal del trabajo es demasiado
compleja o desafiante. Quizá pienses: «Bueno, ¿y
quién no?». En realidad, casi todo el mundo
tiene dificultades a la hora de relacionarse en
el trabajo. Una relación conflictiva puede echar
a perder un empleo gratificante. No congeniar
con un compañero de profesión te puede arruinar
el día, y si no te llevas bien con tu jefe, tal
vez tengas que empezar a buscar un nuevo
trabajo. Ser capaz de construir unas relaciones
laborales eficaces es uno de los factores más
importantes del éxito y de la satisfacción
personal. Quizás en este artículo alguien
vea un mensaje subliminal; la imaginación y el
pensamiento son libres.
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Cuando comencé a trabajar en DECROLY, percibí mi lugar de trabajo
como un centro idílico. Todos éramos
como una gran familia, no solamente
compartíamos trabajo, sino también nos
ayudábamos en nuestra vida personal, nos
contábamos confidencias y nos apoyábamos
en todo lo necesario. Cuando llevas
cierto tiempo trabajando, vas conociendo
más profundamente a tus compañeros, el
centro va cambiando, hay nuevos
“nombramientos”, nuevas
responsabilidades, van surgiendo roces,
como en todos los trabajos, pero siempre
se arreglaban. Todos nos vamos
conociendo y de alguna manera voy
observando que las relaciones van
cambiando.
Ya no lo veo como ese centro “idílico” que veía, |
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ahora lo percibo como una empresa normal, integrada por un grupo
diverso de trabajadores, en donde aparecen todos
los prototipos.
Pues bien, no sé si son los tiempos de cambio que se están
produciendo en el Centro, las presiones de
trabajo que todos estamos teniendo, la edad, o
simplemente nuestra condición humana, la que
está haciendo que el centro no es lo que era.
La necesidad de reconocimiento, no solamente por parte del jefe
sino por parte de los compañeros, resulta
imprescindible. Pensar bien de sí mismo y saber
que los demás piensan bien de ti. Ante
cualquier acción bien hecha, aunque se le pague
para eso, el ser humano necesita una sonrisa de
aprobación, un elogio, una nueva responsabilidad
adicional…., pero este reconocimiento a veces
causa el mal de la humanidad: “la envidia”. No
podemos caer en ese error, aunque haya que
aceptar los defectos y virtudes de todos.
Los problemas de relaciones humanas surgen cuando las necesidades
básicas no son satisfechas. Esto varía de un
empleado a otro, ya que algunos gustan de
dirigir e influenciar a sus compañeros, otros
prefieren conformarse y seguir el camino no
trazado por los demás, otros quieren ser parte
de la solución de los problemas, otros en la
acera de enfrente para criticar los que se hace
con esmero, dedicación y amor, éstos son
regularmente los lleva y trae del “jefe”, otros
son parte del problema, y hay otros tan
especiales que no se dan cuenta de nada de lo
que pasa en ese lugar de trabajo a que
pertenece. Es necesario considerar a cada
persona.
Es por eso que me atrevo a citar algunos principios generales que
pueden ayudarnos a recuperar esas buenas
relaciones que siempre he sentido. No olvidemos
que el trabajo es el lugar en donde mayor tiempo
pasamos. Por esta razón debemos hacer el tiempo
más agradable posible con nuestros compañeros.
Algunos
principios generales que pueden ayudar al logro
de buenas relaciones en el trabajo son:
-
Aceptar que todos los seres humanos tenemos
una personalidad única y diferente, por ello
no todos reaccionamos exactamente igual ante
situaciones similares.
-
Nuestro comportamiento no solo está
condicionado por nuestra personalidad, sino
también en gran parte, por el ambiente en
que vivimos.
-
Veracidad. Es muy importante ser una persona
veraz, es decir, tiene que haber una
adecuación entre lo que digo y lo que
pienso.
-
Respeto. Es una forma de reconocimiento,
aprecio y valoración de las cualidades de
los demás, ya sea por su conocimiento,
experiencia o calidad como personas. Así,
por ejemplo, no podré decir que soy
respetuosa si no he cuidado el trato con
otros profesores y alumnos
-
Sinceridad. Esta es una hermosa virtud, que
se adquiere cuando aprendemos a conocernos a
nosotros mismos. Implica desarrollar la
capacidad de percatarnos de nuestros
aspectos positivos y de reconocer nuestras
imperfecciones (que me esmeraré en mejorar).
Para ello, resulta útil escuchar al otro sin
ofenderse. Lo mismo ocurrirá con el entorno
y los hechos: si aprendemos a percatarnos de
ellos tal cual son, los transmitiremos de
esa misma manera. No tendremos dobleces,
seremos "de una pieza": transparentes,
verdaderos. Para adquirir esta virtud puede
resultar conveniente un breve examen al
final de la jornada, que repase cómo ha sido
y apunte a aquellas cosas en las cuales sé o
me doy cuenta que debo mejorar. La
sinceridad y la humildad son virtudes que
ayudan mucho a llevar una vida recta. y no
por detrás, pues al final de una manera u
otra siempre acabas enterándote y eso crea
un malestar.
-
Alegría. ¡Qué atractivas son las personas
alegres! ¡Cuánto contribuyen a un buen
ambiente! La verdadera alegría es interior y
la consiguen quienes ven el lado positivo de
las diferentes situaciones que se les
presentan, tratando de advertir lo bueno que
hay en cada suceso y persona. Una de las
fuentes de la alegría es la satisfacción y
paz que produce el deber cumplido. Hay que
evitar la amargura y el descontento (con o
sin razón), pues siempre se transmite lo que
se lleva dentro. Actitudes tristes no
contribuyen al buen ambiente que quisiéramos
en nuestro trabajo.
-
Honestidad. Es una forma de vivir coherente
entre lo que se piensa y la conducta que se
tiene hacia los demás. Junto a la justicia,
es una virtud que exige dar a cada uno lo
que le corresponde. Faltar a la honestidad
rompe los vínculos de amistad y de confianza
establecidos y desarrollados en el trabajo,
la familia y el ambiente social en el que
nos desenvolvemos. Si no hay honestidad, la
convivencia se hace prácticamente imposible.
Más aún: no hay convivencia si las personas
somos incapaces de confiar unas en otras.
Hay que ir de frente, no por detrás, pues al
final siempre te acabas enterando y eso
provoca un malestar.
-
Afabilidad. La afabilidad es la virtud que
inclina a actuar de tal modo que se
contribuya a hacer agradable el trato con
los demás. Por lo mismo, se expresa de
manera muy variada. Así, por ejemplo, la
delicadeza en el trato, la alabanza sencilla
y natural, el buen recibimiento, el ser
acogedor con quien se incorpora a la
empresa, el comprender los defectos ajenos,
las expresiones de gratitud y cortesía, etc.
Cuando las manifestaciones de este tipo son
producto de la virtud y no mera formalidad
exterior son especialmente valoradas.
-
Laboriosidad. Ser laborioso significa hacer
con cuidado y esmero las tareas, labores y
deberes que a cada uno le corresponden en su
particular circunstancia, y no emplumárselo
a los demás.
-
Comprensión. La capacidad de tener una
actitud tolerante para encontrar como
justificados y naturales los actos o
sentimientos de otro se llama comprensión.
Desde luego, es algo más que "entender" los
motivos y circunstancias que rodean un
hecho. No basta con saber qué pasa: es
necesario dar algo más de uno mismo. La
comprensión, que se vive todos los días y en
muchos momentos, se hace presente en los
detalles pequeños y en las relaciones
cotidianas con otras personas. Es muy
importante que no se vea doble fondo donde
no lo haya, ni buscar segundas intenciones.
¡Qué
importante es ser comprensivos! Quien es
comprensivo es también generoso y aprende a
disculpar. Confía en los otros y se convierte en
una persona a quien los demás saben recurrir en
cualquier circunstancia
-
Paciencia. Quien vive la virtud de la
paciencia es capaz de afrontar las
contrariedades conservando siempre la calma
y el equilibrio interior, pues logra
comprender mejor la naturaleza de las
circunstancias. Además, contribuye a que se
logre un ambiente de paz y armonía a su
alrededor. Las ocasiones de ejercicio diario
de esta virtud son muchas: paciencia con los
empleados, paciencia con los alumnos que
preguntan fuera de lugar. Con las peticiones
inoportunas y las imperfecciones ajenas. Uno
de los grandes obstáculos que impide el
desarrollo de la paciencia es, curiosamente,
la impaciencia de esperar resultados a corto
plazo sin detenerse a considerar las
posibilidades reales de éxito, o el tiempo y
esfuerzo requeridos para alcanzar el fin
propuesto.
-
Servicio. Servir es ayudar a los demás de
manera espontánea, teniendo una actitud
permanente de colaboración. Quienes han
adquirido esta virtud viven continuamente
atentos, observando y buscando el momento
oportuno para ayudar a alguien. Y están
siempre dispuestos a hacernos la tarea más
sencilla. Sacamos más ayudándonos que
poniéndonos zancadillas.
-
Ser respetuoso con los compañeros de
trabajo, no hacer comentarios molestos,
indirectas que se entienden claramente, no
siempre resaltar lo negativo, que como todo
ser humano se tiene, recordar que hasta las
rosas tienen espinas. Respetar las
aspiraciones de los demás y acatar el
principio de competencia. La ambición de
progreso no es mala, si con ello no se
afecta el derecho de los demás.
-
Obediencia. Consiste en someter nuestra
voluntad a la orden de otra persona. Pero no
por servilismo o ceguera, sino porque en
cada trabajo hay formas de relacionarse y
personas a quienes se ha confiado la labor
de establecer los criterios e impartir las
instrucciones. La obediencia no hace
consideraciones personales o de situación.
No se fija en quién es el que manda sino por
qué y para qué lo hace. Para que sea
realmente una virtud, debe ir acompañada de
la aceptación, por nuestra inteligencia.
Así, la obediencia es una actitud
responsable, de colaboración y
participación. El "hacer para cumplir" o
"por cumplir" lo hace cualquiera: poner lo
que está de nuestra parte transforma la
obediencia en una virtud. Y no sólo
importante, sino necesaria para las buenas
relaciones, la convivencia y el trabajo
productivo.
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En fin, la lista podría ser interminable. Sólo he querido dar con
algunos puntos centrales que pueden
mejorar nuestras relaciones humanas.
Vale la pena recordar que ninguno de
nosotros puede sentirse una obra acabada
y siempre habrá que dar la lucha por ser
mejor. A propósito, quizás pueda traerse
a colación el tan olvidado lema de los
pensadores clásicos: "Vencerse uno
mismo". Luchar en una batalla que no
sólo me hará mejor a mí sino también a
todos los que conmigo conviven. He ahí
la clave para tener relaciones más
humanas en el trabajo, y ello,
todos los días. El hábito hace
al virtuoso. |
Todo lo que hacemos nos mejora o nos perjudica. Y, en definitiva,
nos cambia. Así, lo que hagamos no es
indiferente, ya que repercutirá en nosotros
mismos y también en los demás. Frente a ello
caben dos alternativas: o nos empeñamos en
ejecutar actos perfectivos que incrementen
nuestra personalidad y nos hagan por ende más
libres "pues seremos capaces de hacer el bien
que querémoslo, por el contrario, nos dejamos
estar yendo inexorablemente a menos,
deshumanizándonos y afectando a quienes se
relacionan con nosotros. Por lo que a la
pregunta "¿Cómo relacionarse bien con los
demás?", la respuesta puede darse con una sola
palabra: "Virtud".
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