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El Tratado de Lisboa
La entrada en vigor del Tratado de Lisboa el
pasado 1 de diciembre pone fin a un largo camino
lleno de obstáculos y dificultades. La
Presidencia rotatoria española de la Unión
Europea (UE), a partir del 1 de enero y hasta el
30 de junio de 2010, asume el reto de
desarrollar el Tratado y de poner en valor el
nuevo modelo de Europa.
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Después de
una década de negociaciones el Tratado
de Lisboa, tras el malogrado proyecto de
Constitución Europea, ha entrado en
vigor una vez salvado su último
obstáculo, las reticencias de la
República de Chequia, al firmar su
Presidente Vaklav Klaus el texto ya
ratificado por el resto de los países
miembros de la UE. La firma del
Presidente Klaus, pese a la previa
ratificación del Tratado por el
Parlamento Checo y las encuestas
populares favorables a su firma, estuvo
precedida de un sin fin de reticencias.
Previamente, el Tribunal Constitucional
de aquel país había considerado el
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Tratado acorde su Carta Magna, en repuesta a los
recursos promovidos por Klaus ante el Tribunal
Constitucional Checo alegando que el Tratado
vulneraba artículos constitucionales.
Firma
polémica, sujeta a condiciones, al exigir que la
República Checa quedara fuera de la Carta de los
Derechos Fundamentales en una parte del tratado.
De esta manera la República de Chequia evita que
los tres millones de alemanes que fueron
expulsados de la región de los Sudetes, al
finalizar la Segunda Guerra Mundial, puedan
exigir sus derechos a la justicia europea.
Con la
entrada en vigor del Tratado la economía de la
UE debe regirse por un sistema singular (art. 3,
párrafo 3º), la economía social de mercado,
elemento fundamental para encauzar la actividad
económica de los países comunitarios.
A partir del
primer trimestre del año 2010 la Presidencia
Española, debe poner en práctica el Tratado de
Lisboa y corresponderá a España trabajar para
que este sistema de ordenación económica sea una
realidad en la política económica de la UE.
Una gran
responsabilidad para la Presidencia Española,
que aun no ha encontrado la vía para frenar la
grave recesión económica en España.
Esperemos que nuestros políticos, responsables
de la economía comunitaria, tengan conocimientos
lo suficientemente profundos para afrontar este
reto con éxito, para no dar motivos a
euroescépticos como el Presidente Checo para
justificar sus decisiones.
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