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Educación y Trabajo anuncian un plan para
modernizar la FP
El diario El País
publica, en su edición escrita del domingo 6 de
enero, un reportaje - La crisis devuelve a la
FP su dignidad - del máximo interés para la
ciudadanía en general y para quienes trabajamos
en la formación profesional, en particular. J.A.
Aunión desgrana en su escrito los avatares
históricos por los que ha pasado la formación
profesional y manifiesta que “Los recelos
entre Educación y Trabajo atascaron una reforma
pendiente desde los noventa - 13 millones de
trabajadores sin cualificación requieren una vía
para validar sus conocimientos”. DECROLY
Digital valora muy positivamente este trabajo y
el acierto de su publicación. Por ello lo
transcribe íntegramente, a continuación.
“Francia y Reino Unido llevaron a cabo hace 30
años los primeros intentos en Europa para
acreditar oficialmente lo que sabían hacer sus
trabajadores gracias a su experiencia laboral.
En España, aunque varias comunidades se han
adelantado al Gobierno, algunas de forma
experimental y cada una a su manera, el decreto
que regule eso mismo en toda España llegará en
2009, después de una génesis normativa que se
remonta a 1993. Si se echa un vistazo a la
hemeroteca, da la impresión de que la formación
profesional (FP) es eso que siempre está
pendiente de ser dignificado y que sólo cobra
importancia pública cuando llegan las vacas
flacas económicas. Como ahora.
Así que esa acreditación de la experiencia
profesional de la que se empezó a hablar en
España a principios de los noventa, vuelve a
ocupar puestos importantes en la agenda
política. Y junto a ello, el anuncio de un plan
para modernizar la FP y para coordinar y
vincular de una vez la FP reglada (la de los
institutos de secundaria, que conduce a un
título educativo) y la formación continua y
ocupacional (los cursos que dan un certificado
profesional expedido por Trabajo). Será un plan
que conecte los dos sistemas con un tronco común
(es decir, que se parezca lo que se enseña por
una vía y por otra), y permita a estudiantes y
trabajadores saltar de uno a otro, sumando
siempre, algo que también está en los papeles
oficiales desde 1993.
Ante estos precedentes, que pasaron a través de
Gobiernos del PSOE y del PP, cabría expresar
poco más que desaliento, de no ser porque, por
primera vez, los ministros de Educación,
Mercedes Cabrera, y de Trabajo, Celestino
Corbacho, están juntos presentando una hoja de
ruta para la formación. ¿Por qué es tan
importante que se hagan fotografías juntos?
Porque el culpable más repetido de ese atasco
durante tantos años es la falta de un trabajo
conjunto de ambas carteras, que se han resistido
a ver trastocadas sus cuotas de poder. Si los
educadores no se fiaban de la formación que dan
empresas y sindicatos, éstos se reían de la
desconexión entre lo que se enseña en la FP
educativa y lo que hace falta saber para
desarrollar un oficio. Algunos sindicalistas
también hacen autocrítica, y dicen que la oferta
de formación para el trabajo sigue esquemas de
hace 15 años. El caso es que ha habido recelos,
desconfianza y estructuras difíciles de mover.
Pero ahora están juntos, y Trabajo, Educación,
empresarios y sindicatos parecen ilusionados.
Aunque lo que queda tampoco será fácil. Por
ejemplo, ese decreto de reconocimiento de la
experiencia profesional, cuyo primer borrador
data de mayo de 2006, implica que la
Administración se desprenda, al menos en parte,
del monopolio absoluto en la enseñanza y la
formación. No se trata, en ningún caso, de que
alguien consiga sin más un título de FP o un
certificado de profesionalidad, sino de
reconocer oficialmente lo que se ha aprendido a
hacer trabajando, que coincidirá efectivamente
con una parte, más grande o más pequeña, de lo
que se aprende a hacer cursando uno de esos
títulos. Así, en cualquier caso, el trabajador
tendrá que estudiar para completar el diploma.
Para el profesor de la Complutense Francisco de
Asís Blas, no se deberían enfocar esos
reconocimientos oficiales sólo como un medio
para conseguir un título. "¿A un trabajador de
30, 35, 40 o 45 años conseguir un título de FP o
un certificado de profesionalidad es lo que más
le interesa? Sinceramente, yo creo que no; creo
que lo que le interesa es que se le valide o
acredite la cualificación profesional que ha
adquirido mediante su experiencia, no sólo para
que se le reconozca a efectos salariales, sino
también -y esto no es irrelevante- para que se
sienta motivado a incrementar su cualificación,
realizando programas de formación continua".
Además, los empresarios tendrían que reconocer
en los convenios esas acreditaciones, algo que
también dificulta el cambio en la parte
patronal, explica el profesor de la Universidad
de Barcelona Rafael Merino.
En cualquier caso, las cifras en la media docena
de comunidades que ya aplican sistemas parecidos
son modestas. En el País Vasco sólo se han
apuntado 2.180 trabajadores entre 2004 y 2007,
de los que sólo se acreditaron 1.424. En
Cataluña, se han acreditado 2.447 desde 2003 y
en Galicia se han presentado unos 600 a tres
convocatorias. Aunque multiplicáramos por 17
comunidades las cifras más altas, las de
Cataluña, el resultado (saldrían unos 14.000 al
año) quedaría incluso ridículo frente a los 13
millones de trabajadores españoles que no
cuentan con ningún tipo de cualificación
profesional oficial y que han sido señalados
como objetivo por los responsables
ministeriales. Incluso si nos basamos en la
previsión del Gobierno para las primeras
convocatorias (ya con la normativa estatal), a
partir de 2009 serían unos 80.000, vinculados
sobre todo a sectores emergentes como la
educación infantil o la Ley de Dependencia.
Así, con prevenciones sobre euforias, sí puede
servir este proceso, en el contexto actual de
crisis y pérdida de empleo, para que ese enorme
grupo de jóvenes que dejaron de estudiar después
de la ESO (un 31%), se anime a retomar su
formación en FP si tiene el incentivo de ver
convalidada una parte del título. Al menos eso
es lo que espera el Gobierno, cuyo objetivo es
atraer esta legislatura a 200.000 alumnos más a
la FP de grado medio (al escalón siguiente, la
de grado superior, se accede desde el
bachillerato) para atenuar uno de los puntos más
negros del sistema educativo, y que dibuja una
pirámide deforme en la que los grupos más
numerosos de la población activa son los que no
tienen ningún título profesional (60%) y los que
tienen el máximo, que da la universidad (12%).
Las convalidaciones, los puentes entre las
distintas formaciones (de la enseñanza básica a
la FP, de ahí a la universidad, de cualquiera de
ellos a las acreditaciones que da Trabajo...),
son fundamentales en la estrategia del Gobierno,
cuenta la secretaria de Estado de Educación, Eva
Almunia. Y en el centro de esa estrategia están
los programas de cualificación profesional
inicial (PCPI), de los que se quieren ofrecer
80.000 plazas en 2010.
Estos programas son la revisión de la antigua
garantía social que consistía en recoger a los
chavales que ya se habían dado por perdidos en
el sistema educativo para tratar de que salieran
al mercado con, al menos, los rudimentos de un
oficio. Desde este año, los PCPI darán un
certificado de profesionalidad de nivel 1, el
más bajo, pero un papel al fin y al cabo, de los
que concede el Ministerio de Trabajo. Además,
estudiando unos módulos opcionales, podrán
sacarse también el título de ESO, aunque quizá
lo más importante es que sin ellos también
podrán seguir estudiando en la FP de grado medio
-ahora mismo se está estudiando el procedimiento
para facilitar ese paso-.
Estos chavales -ya hay 48.000 alumnos de PCPI
este curso- son los que estrenan además la otra
pata de toda esta reforma, el sistema nacional
de las cualificaciones, es decir, ese tronco
común para que lo que se estudie en formación
profesional a través de Educación o de Trabajo
esté basado en lo mismo. El sistema consiste en
describir lo que debe saber hacer, por ejemplo,
un electricista, un hostelero. Cada una de las
cualificaciones se divide a su vez en tareas más
pequeñas (las unidades de competencia) que es lo
que se evalúa en las acreditaciones y lo que se
debe enseñar en cada asignatura de la FP y en
cada certificado de profesionalidad.
En eso consiste el cambio, en tener un esqueleto
común que permita saltar de uno a otro y anime a
seguir formándose (como decía De Asís Blas, es
probable que los jóvenes elijan la vía educativa
y los mayores la formación continua) donde más
le convenga al estudiante o al trabajador.
Ya se han definido unas 600 cualificaciones y
ahora falta otro centenar, explica Francisca
Arbizu, recientemente destituida como directora
del Instituto Nacional de las Cualificaciones.
Pero el número que hay, hecho en colaboración
con sindicatos y empresas, es suficiente para
echar a rodar, aseguraba Arbizu.
Ahora lo que hay que hacer es que empiecen a
funcionar los títulos de FP basados en esas
cualificaciones, algunos de los cuales ya están
aprobados (aunque hay quien se queja de que no
están bien hechos y que todavía se ponen trabas,
por descuido o interesadamente, a una
convalidación clara con el resto del sistema).
También se tiene que reordenar y dar contenido a
la oferta de formación ocupacional. "Tenemos una
oferta hecha con parámetros de hace 15 años",
dice Teresa Muñoz, de UGT. Pero, sobre todo, la
formación continua: entre los cursos de la
oferta estatal de 2006, un tercio eran de
informática básica (Word, Excel...), otro 9,2%
de prevención de riesgos laborales y un 8,7% de
idiomas. Cosas que están muy bien, pero que
apenas aportan un verdadero engorde formativo de
los trabajadores en su campo.
Pero hará falta dinero para todo esto. Y en
tiempos de crisis... "Yo creo que aprovechando
bien los recursos que hay ahora mismo se puede
hacer; por lo menos, empezar", asegura Teresa
Muñoz. Se refiere a que todo el sistema de
formación para el trabajo lo mantienen con
impuestos específicos a trabajadores y
empresarios y en 2009 habrá 2.287 millones de
euros. En el otro costado, el presupuesto del
Ministerio de Educación para FP crecerá en 2009
hasta los 40 millones de euros -hace poco se
repartieron seis entre las comunidades para la
promoción de la FP-, pero la mayor parte se lo
comerán las nuevas becas para que chavales sin
estudios retomen su formación trabajando media
jornada. Además, la mayor parte del gasto en
esta parte educativa corresponde a las
comunidades autónomas y ese dinero no está
segregado del que se destina para toda la
educación secundaria.
Y el dinero hace falta, como mínimo, para montar
en condiciones lo que para muchos es uno de los
pilares de la reforma, los servicios de
orientación para que el estudiante o trabajador
tenga una imagen completa de por dónde puede
tirar: que llegue allí, diga qué sabe hacer y
qué títulos o certificados tiene y que el
orientador le indique el mejor camino. -
Una larga historia
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1986. Se crea el Consejo General de
Formación Profesional, donde están
Educación, Trabajo, sindicatos y
patronales. |
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1988. Educación presenta un proyecto que
ya habla de una integración mayor entre
la formación profesional reglada y la no
reglada. |
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1990. La ley educativa LOGSE dice que
una parte de las pruebas para acceder a
un título de FP puede quedar exenta en
función de la experiencia laboral. |
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1993. El programa nacional de formación
profesional habla de crear un sistema
nacional de cualificaciones y de
establecer el sistema para convalidar lo
aprendido en los títulos de FP, los
certificados de profesionalidad y la
experiencia laboral. |
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1999. Un año después del segundo plan de
FP, se crea el Instituto Nacional de las
Cualificaciones con el objetivo de
proponer el establecimiento y la gestión
del Sistema Nacional de Cualificaciones
Profesionales, establecer criterios para
definir los requisitos y características
de las nuevas y sugerir un sistema de
acreditación y reconocimiento
profesional. |
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2002. La ley de las cualificaciones y la
formación profesional vuelve a recoger
el tema de la acreditación y de las
correspondencias. También habla de los
centros integrados con todas las
opciones de formación. |
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2008. Al sistema de las cualificaciones
le faltan alrededor de 100 para estar
completo. Se promete el decreto de
acreditación de la experiencia laboral
(proceso del que ya hay experiencias en
seis comunidades autónomas) y un impulso
de la formación”. |
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